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El plástico que no vemos

Cada año se producen en el mundo más de 400 millones de toneladas de plástico, y menos del 10% se recicla de verdad. El resto termina en rellenos sanitarios, se incinera, o llega a ríos y océanos. Según Naciones Unidas, cada persona consume en promedio más de 50.000 partículas de microplástico al año, a través del agua, los alimentos y el aire que respiramos.

 

Buena parte de eso termina concentrado en los océanos. En el Pacífico Norte flota lo que se conoce como la Gran Mancha de Basura del Pacífico: una acumulación de desechos, en su mayoría plásticos, que ocupa una superficie de 1,6 millones de km² — el doble de Texas, tres veces Francia. Se estima que contiene 1,8 billones de fragmentos de plástico, con un peso aproximado de 100.000 toneladas. Entre el 75% y el 86% de ese peso proviene de redes y artes de pesca abandonadas, como la de la foto.

 

Red de pesca abandonada enredada en un arrecife, uno de los mayores componentes de la Gran Mancha de Basura del Pacífico (foto: NOAA Marine Debris Program)

Lo que no dice la etiqueta

Muchos de los productos que usamos todos los días —cosméticos, envases plásticos, productos de supermercado envasados— contienen sustancias conocidas como disruptores endocrinos: compuestos químicos capaces de interferir con el sistema hormonal del cuerpo. Entre los más estudiados están los parabenos (usados como conservantes), los ftalatos (que dan flexibilidad a los plásticos), el BPA o bisfenol A (presente en muchos envases y latas) y los PFAS, conocidos como "químicos eternos" (usados para hacer productos resistentes al agua y la grasa). Se encuentran en cremas, desodorantes, perfumes, envoltorios plásticos y en el revestimiento interno de latas y tapas.

La piel es el órgano más grande del cuerpo y absorbe parte de lo que se le aplica. Muchos de estos disruptores logran imitar o bloquear la acción de hormonas como el estrógeno, alterando el funcionamiento normal del organismo. Esa capacidad de interferir con el sistema hormonal es justamente lo que llevó a los investigadores a estudiar su posible relación con enfermedades hormono-dependientes, entre ellas el cáncer de mama.

Según organizaciones como breastcancer.org, la exposición a disruptores endocrinos podría influir en el riesgo de cáncer de mama de tres maneras: interfiriendo en el desarrollo normal del tejido mamario, aumentando los niveles de estrógeno en el cuerpo, o dañando directamente el ADN de las células. Es importante aclarar que estar expuesto a una sustancia no significa que la enfermedad vaya a desarrollarse: el riesgo depende de la dosis, la forma de exposición, la genética de cada persona y muchos otros factores. La ciencia todavía sigue investigando estos vínculos, y no todos los compuestos identificados tienen el mismo nivel de evidencia.

Por eso, en Up To You elegimos formular productos sin aluminio, sin parabenos y sin conservantes agresivos: no porque cada ingrediente convencional sea necesariamente peligroso, sino porque creemos que tenés derecho a elegir con información, y a cuidar tu cuerpo con productos simples, naturales y transparentes.

Fuentes: NOAA Marine Debris Program, The Ocean Cleanup, Naciones Unidas (PNUMA) y breastcancer.org.

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